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No dejes que la gripe te frene y sal a correr

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Que la gripe no te frene... ¡y sal a correr!

Llegó el momento

Suena el despertador. Ha llegado el momento de calzarte las zapatillas de deporte, tomarte un buen desayuno y reunirte con los amigos con los que has quedado para hacer eso que tanto os gusta: salir a correr. A algunos los conociste cuando decidiste comenzar a hacer running por el parque. A otros en aquella carrera solidaria en la que tanto os divertisteis. Ahora sois una piña y os encanta salir a gastar suelas juntos.

Pero cuando intentas levantarte de la cama, sientes pesadez en la cabeza, rigidez en los músculos y un ligero picor en la garganta que sabes que no tardará mucho en dejar paso a la tos. ¿Qué ha pasado? ¡Has cogido la gripe!

Y piensas: "Esto no me puede estar pasando a mí". Has tomado tantas precauciones; has ido al gimnasio, has comido fruta y verdura, te has abrigado cuando hacía frío... Creías que la enfermedad no estaba hecha para ti. ¿Y ahora qué? ¿Podrás correr con gripe? Barajas la posibilidad de bajar aún más la persiana, subirte el edredón hasta las orejas y explicarles a tus compañeros runners que tienes gripe pero no quieres resignarte, porque lo que te apetece es salir a correr.

Te levantas de la cama y, como tenías previsto, te tomas un buen desayuno. No puede faltar tu zumo de naranja, recién exprimido. Qué no te puedan las ganas de volver a meterte en la cama. Miras a través de la ventana. Hace sol, ¿cómo no vas a salir a la calle con ese espléndido día? Te has terminado el desayuno y, de repente, un estornudo te pide que no salgas a la calle, que te abrigues mucho, te pongas el termómetro, prepares un caldo caliente y te metas en la cama bajo varios kilos de mantas y edredones.

Después de un zumo, un poco de fruta y un delicioso café vuelves a debatir entre unirte a tus compañeros de running o quedarte en la cama durmiendo. Pero sabes que lo que más te apetece es salir a correr; así que te planteas: "¿Qué puedo hacer?"

¿Cómo aliviar los síntomas de la gripe?

Arrastras las pantuflas por el pasillo hasta llegar al cuarto de baño, donde guardas en el armario un pequeño botiquín. Hoy será un antigripal tu salvación contra los síntomas de la gripe. Sabes que no quieres quedarte en casa y el virus de la gripe no podrá frenarte. Así que te lo tomas, te pones la ropa de deporte, te lavas los dientes y sales a la calle. Al llegar al parque todos tus amigos están listos.

Empezáis a correr. Tu cuerpo responde. Ya no te pide volver a casa, te pide seguir el ritmo, seguir riendo y, sobre todo, seguir haciendo lo que te gusta. Y descubres que gripe y running no son incompatibles.